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  • Roy Andres

Cómo evitar la queja en tu vida


Cuando no nos gusta algo que estamos viendo, no nos complace una relación interpersonal que tenemos, por ejemplo, con nuestra pareja, familia o vecinos, empezamos a manifestar pequeñas protestas y reclamaciones a las personas que, muchas veces, no tienen nada que ver con el asunto. Esta es precisamente la motivación de la queja. Este sentimiento puede representar una descarga emocional que soltamos en nuestros círculos sociales para manifestar eso tan desagradable que nos ocurre, ese desacuerdo que tenemos con algunas situaciones de la vida.

Sin embargo, cuando nos convertimos en meros observadores estáticos de aquello que no nos gusta, ese comportamiento puede volverse tóxico para nuestra vida. Podemos, de hecho, hacer un ejercicio muy sencillo para analizar cómo se comporta nuestro cerebro cuando se instala en la queja. Se trata de detectar un solo color, por ejemplo, el azul, en las cosas que nos rodean. Nuestro cerebro empieza a operar como un escáner automático que está entrenado para localizar ese color específico e ignorar a los demás. Al hacer este ejercicio caminando por la calle, es posible que pensemos: «Pues vaya, por lo visto hay más color azul». Lo que ocurre aquí es que nuestro cerebro logra programarse y concentrarse en eso que estamos pensando. Así que, cuando trabajamos con la queja, estamos entrenando a nuestro cerebro para detectar las cosas que no nos gusta y, con ese mismo impulso, comenzamos a observar lo que no nos agrada de un vecino, de la política, de nuestra pareja o nuestro entorno. En ese momento, empezamos a crearnos una enorme carga, porque el problema no es la protesta en sí, sino los efectos que genera en nosotros, que dan origen a todo un sistema emocional interno, creando, a su vez, experiencias emocionales basadas en ese acto de protesta, como la tensión, el estrés, el enfado, la ira. Internamente, esto nos va depositando más y más carga y va contaminando nuestro cuerpo, incluso a nivel endocrino, produciendo un impacto progresivo. Por tanto, la queja nace como una manifestación de lo que no nos agrada, y, además, programa a nuestro cerebro para que nos podamos fijar en ello.

No obstante, cuando, por el contrario, nos fijamos en cosas positivas, el principio es el mismo que el caso anterior. Pero ahora logramos sacarle provecho, porque nos concentramos en lo que sí ocurre, observamos el lado de las cosas que sí pasan. Por ejemplo, si nuestra pareja no hizo algún deber en los que nos habíamos puesto de acuerdo, podemos observar lo que sí ha hecho. Esto empieza a crear en nosotros un conjunto de experiencias emocionales positivas. Y, ¿cuáles son esas emociones positivas? Pues el agradecimiento, la gratitud, la alegría y la tranquilidad, activándose también a nivel endocrino a través de los neurotransmisores y sustancias que ayudan a desarrollar nuestras capacidades. En este sentido, no solo se trata de mirar la queja como esa parte energética, mística, que a veces no comprendemos, sino entender que se trata de una programación de nuestra mente para poder así fijarnos en una cosa u otra.

¿Conoces la descodificación emocional?

Quiero compartir contigo tres consejos para ayudarte a salir de la queja en la que tu cerebro se pudiera haber instalado.

  1. Identificar

Identifica esos momentos de queja, analiza qué escenarios de tu vida te están llevando a lidiar con esas situaciones de desagrado y en qué entorno se encuentra, por ejemplo, ¿lo estás haciendo con tus amigos, con tu familia, en tu trabajo? Te invito a que te concentres, reflexiones, viajes en tu mente en un día normal y detectes esas situaciones.

2. Reflexionar sobre lo que sí pasa

Después de identificar esas situaciones de desagrado, asociadas a emociones negativas, empieza a discernir entre lo que realmente no te gustó, aquello que detectaste que no era agradable, y lo que sí estaba pasando. Piensa en lo que realmente te molesta de esa situación y enfréntalo con una solución consciente. Lo puedes hacer si tienes hijos, por ejemplo. Si están en la adolescencia, es posible que pienses: «no hicieron los deberes o no arreglaron su habitación», es posible que estés contactando con el miedo a su futuro y la carga que te pueda representar. Sin embargo, reflexiona ahora en las cosas que sí están haciendo y confía en los principios y valores que has sembrado. O, por ejemplo, en el ámbito laboral, con tus compañeros, cuando dices eso de «mi compañero no me ha enviado aún el informe». Pudiera ser que el origen de tu molestia está en que al final te llame la atención tu jefe creyendo que no hiciste tus tareas. No obstante, reflexiona en lo que sí ha hecho ese compañero para contactar con el equilibrio de esa experiencia. Ahora bien, este ejercicio no es una negación de lo que no ocurre, sino más bien es una forma de hacer que te concentres y empieces a crear emociones positivas de forma consciente, que serán vitales para tu bienestar emocional.

3. Contactar con tu vector espiritual

Independientemente de tu creencia espiritual, para algunos son los Ángeles, para otros es la energía en sí misma, contacta con esos principio rectores espirituales, también es posible pedir que te entre esa paz, que te inunde esa energía que te pueda poner en armonía con las cosas que te están generando esa gran tensión.

Por último, recuerda que, si deseas una información más personalizada, para que trabajemos juntos esas áreas donde te gustaría progresar en tu vida, puedes consultar aquí nuestras sesiones o solicitar más información desde este enlace.

Te envío abrazos y bendiciones.

Roy Arboleda.

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