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  • Roy Arboleda

¿Por qué nos culpamos cuando vamos de vacaciones?


Desde muy pequeños nos enseñan que, para que las cosas salgan adelante en la vida, necesitamos esfuerzo, disciplina, constancia… más esfuerzo, más disciplina y más constancia, todo con el ánimo de poder concretar los mejores resultados. Ello genera en nuestra mente una programación tan fuerte que cuando creemos que paramos esas actividades en las cuales nos esforzamos, sentimos que dejamos de ser productivos y, por tanto, vemos más lejos el resultado. Podríamos afirmar que los seres humanos nos vamos programando en función de la premisa: «lo que quiero, lo puedo obtener, pero me tengo que dedicar mucho para ello».

Ahora bien, esforzarse, desarrollarse, tener constancia y disciplina son vías suficientemente válidas para llegar a conquistar aquello que queremos en los diferentes escenarios de nuestra vida. El problema reside en el momento en que tratamos lo opuesto a ese estado de esfuerzo, es decir, el reposo, como algo negativo o incluso perjudicial.

Cuando llega el momento de descansar es como si nuestro cerebro nos dijera: «Si descansas, dejarás de obtener lo que tienes».

Esto ocurre con mucha frecuencia en el ámbito laboral, por ejemplo, cuando los trabajadores posponen sus vacaciones porque sienten que necesitan estar esforzándose para lograr mejores resultados. Sin embargo, se olvidan de la otra parte: su cuerpo físico está diseñado para poder integrar el descanso en su trabajo y volver a la dinámica del esfuerzo cuando sea necesario.

En este sentido, cuando hablamos de descanso, hay que entender que el origen de lo que nos lleva a evitarlo es esa programación que hemos instalado en nuestra mente; esa creencia de que cuanto más nos esforcemos, más resultados conseguiremos. Esta es, sin duda, una de las grandes razones para volvernos adictos al trabajo. Y eso mismo, día tras día, hará con que nuestro propósito vital se base meramente en una relación esfuerzo-resultado.

No obstante, si partimos de nuestra propia biología, seremos capaces de entender que estamos diseñados para hacer «paradas» y así preparar nuestro cuerpo para volver a la rutina del esfuerzo de nuestras actividades con más energía.

En el caso de las personas que, por ejemplo, tengan su propio negocio o sean autónomos, la dependencia de que su esfuerzo físico le genere resultados es lo que lleva a evitar su descanso. Ahora bien, debemos ser conscientes de que, en la medida en que nuestro cuerpo físico se encuentre en las mejores condiciones, vamos a poder conseguir más cosas.

Hay dos formas de atraer resultados en nuestra vida. Una de ellas es través del esfuerzo, que es la programación que hemos recibido desde muy jóvenes. Y la otra vía es la armonía interna, entendiéndola desde nuestro propio equilibrio. Cuando logramos obtener ese equilibrio interno, hacemos que lleguen nuevas oportunidades que no veíamos, haciendo uso del famoso principio de la atracción. Sin embargo, de esos dos caminos, el que generalmente elegimos es el del machacarnos y trabajar sin descanso. Si empezamos a equilibrarnos, a través del conocimiento propio, del descanso o actividades que incluso pueden estar dedicadas a nuestra familia, conseguiremos renovarnos más fácilmente, y nuestra parte interna va a estar en tal armonía que permitirá atraer nuevas cosas.

Cómo superar la culpa cuando nos vamos de vacaciones

Entonces, si eres de esas personas que quiere descansar, pero al hacerlo te sientes culpable (por ejemplo, cuando no vas al trabajo y te llenas de esa culpa haciendo mil cosas en tu hogar) hay que trabajar en romper ese argumento del esfuerzo.

Y ¿cómo puedes hacerlo? Un buen principio sería seguir estos tres pasos.

1. Ser consciente

Con ello me refiero a que es necesario, en primer lugar, romper con la creencia de que el esfuerzo es igual al resultado. Luego, sería ideal empezar a reflexionar que estar en armonía interna es otra vía válida para lograr los resultados que esperas.

2. Tomar decisiones claras

Aquí se trata de entender que debes respetar tu biología, es decir, tu cuerpo físico, para poder seguir siendo productivo(a). Esto se consigue sacando momentos de descanso dentro de tus horas de trabajo y que, a cada cierto tiempo, puedas tener unas merecidas vacaciones. Pero siempre con la condición de que sea un tiempo dedicado a ti mismo, a las personas que están contigo y a las que quieras compartir esa recreación. Todo ello te ayudará a ser más productivo.

3. Conectarse con tu espiritualidad

Otro paso muy importante es entender qué parte de ese descanso y de ese conocimiento de ti mismo te va a conectar con tu espiritualidad, ya que en esos momentos en los que tu mente está mayoritariamente ocupada con producir más, también se te podrían plantear otras cosas, otros aprendizajes y conocimientos, como leer un libro interesante, contactar con la naturaleza, conectarte con cada uno de esos vectores espirituales que son tan importantes para todos.

De esta forma y siguiendo estos tres pasos, podremos integrar el descanso de una forma más consciente, siendo más respetuosos(as) con nosotros mismos y atrayendo más resultados desde la armonía en nuestra vida.

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Roy Arboleda

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